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  Rosario, Candelaria y Aurora 23-04-2017 09:52 (UTC)
   
 

 

VIRGEN DEL ROSARIO, CANDELARIA Y AURORA

 
La Candelaria y la Aurora son dos celebraciones eminentemente religiosas de gran enraizambre en Beniaján. La primera tiene lugar el día 2 de febrero, organizándose los actos el domingo posterior a esa fecha, mientras que la segunda se desarrolla a lo largo de todo el mes de octubre. Además de tener un carácter expresamente mariano y entroncar con las manifestaciones cristianas más antiguas, populares y extendidas de toda la Huerta, ambos festejos comparten el tener como protagonista a una misma imagen de la Virgen: la de Nuestra Señora del Rosario, preciosa talla barroca de autor anónimo cuyo Niño se atribuye a Francisco Salzillo. Se venera en su capilla de la iglesia de San Juan Bautista durante todo el año y es además titular de la cofradía que lleva su nombre, una de las más antiguas de la localidad. Destacable en esta imagen es también su rico ajuar, con diversos trajes y mantos con los que sus cofrades visten a la Virgen de acuerdo al calendario litúrgico y a las distintas solemnidades que a lo largo del año se suceden.



El Día de la Candelaria (del verbo latino candere, que significa brillar de blancura), la Virgen es ataviada precisamente de blanco y porta entre sus manos una vela, saliendo así en procesión por las calles más céntricas del pueblo. A los pies del trono aparece una típica "tortada", tarta de merengue tradicional en las celebraciones de bautizo u onomástica y que, en este caso, es rifada entre los asistentes al acabar la procesión. Esta fiesta rememora en sí la peregrinación que María hizo al Templo de Jerusalén a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, para ofrecer allí a su Hijo y cumplir con el rito legal de la purificación. También se realiza en este día la antiquísima bendición de las candelas que posteriormente son repartidas entre los fieles, acto hoy simbólico pero que rememora la importancia que antiguamente tenían en los hogares las velas y hachones de cera; junto a las lámparas de aceite, constituían los únicos utensilios luminosos a utilizar durante todo el año en las casas beniajanenses.

El Rosario de la Aurora adquiere tintes de rogativa al amanecer de cada domingo de octubre, discurriendo la devota procesión de la Virgen siempre desde la iglesia hasta las distintas barriadas de la villa. El murmullo de la oración se entremezcla con cánticos peregrinos al romper los primeros rayos del día, manifestación sencilla y profunda de la religiosidad más auténtica de las gentes de la Huerta.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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